Es la noche ...
O la lluvia, o el sol, o nada
Es nada
Es sombra que crece, ciega y aturde; es sombra de ayer y de todos los días, también de los próximos
Son escenas vividas, trazos hechos de cristal, trazos fríos que estremecen, que asombran y desconciertan, que dan frío
Son recuerdos protagonistas, obsesiones que despiertan y se adaptan modernas y se demuestran forjadas y empecinadas en recorrer todo, en andar camino entero
Es quizás envidia de útero, de soledad envuelta, añoranza de cobijo estrecho, de calor de voz incomprendida, de color de voz intuida al dirigir
Es sin sentido perenne, aplastante, manifiesto y subrayado; puntos y comas que vienen y van y revienen excitados, espantados al no encontrar, al no emerger en nada, aterrados ante el desvanecimiento y el transcurrir ambiguo
Es yo y es todos, con disfraz o no
Es atisbo hacia arriba... y hacia abajo
martes, 5 de diciembre de 2017
viernes, 24 de noviembre de 2017
Testimonio tres, tres,tres
Sí, este texto testimonia, confirma, prueba, comprueba...
Sean estas palabras testigo de mí, de ti, de nosotros
Sean estas frases reflejo mío, de lo que soy contigo, de lo que soy a partir de ti, y de tus luces y de tus abundancias
Sean estas letras el trazo nuestro, el andar que en entrecruces nos coincidió y ahora nos teje
Quiero dibujar este nuestro guión con azules que te integren generosa, como eres; con notas y fragmentos que te integren en poesía, como eres; con acentos y compases que te integren en canción, como eres
Quede registro, rastro, sello...
Quedes tú, quede yo
Quede futuro
sábado, 9 de mayo de 2015
Y es que estoy enojado ...
Y es que estoy enojado, por momentos
iracundo, desesperado, harto. Y es que el mundo, sus figuras, sus esquemas, sus
modos, representan todos un gran absurdo; nadie lo admite, algunos sólo lo
intuyen, otros lo reprimen, pero la idea está bien tallada en la inconsciencia
colectiva, sumergida, subrepticia, pero existente.
Vivir representa alegrías sí, pero, no hay alegría o conjunto de ellas
que compense tristezas, angustia, incertidumbre. El ser humano se pregunta día
a día quién es, qué es, para qué es, de dónde viene, hacia dónde... Nadie,
absolutamente nadie tiene respuestas; es como un castigo divino: podrás
preguntar, pero jamás obtendrás respuesta.
Y si todo lo adverso procediera sólo de esas dudas quizás sería
llevadero, el olvido o la remisión al inconsciente más profundo serían
solución, pero no, encima de ello la cotidianeidad nos aplasta, sobrevivir cada
día, trabajar, estudiar, destacar, sobresalir, ¿para qué? ninguno lo sabe, pero
todos tienen empeño en ello. Nada tiene sentido.
Un día se nace sin saber qué se es y esa inconsciencia quizás brinde
ciertos niveles de placer, de felicidad; pero oh designio!, se crece y entonces
se adquiere conciencia, se perciben conocimientos, se registra la idea de uno
mismo, de Dios, de la muerte, de la vida. Todo se acepta, parece tolerable, se
diseñan esbozos de vida, como: aprende, crece, vive, gana dinero, sé alguien
para los otros y después muere feliz... se destinan horas eternas en ello, se
sacrifican anhelos, amores, instantes, todo para seguir el guión social, pero
el ser humano lo sabe, en su interior la voz lo grita: todo es vano, el
inconsciente lo sabe y en algunos, el consciente también.
Así que, otro día cualquiera se enciende la luz de la percepción (o se
apaga sería mejor decir) y se capta la verdad: ¿eh? dice el alma, ¿cómo?
replica, ¡no entiendo! sentencia. Y es que no se concibe nada; se comienza
entonces con la búsqueda externa, en los otros, en el entorno inmediato o no.
La religión brinda para algunos cierto consuelo, el dinero es para otros
satisfactor, el amor quizás el más señalado, el arte, la creación, la empresa,
el estudio, los descubrimientos, los hijos, la música ... y así desfilan uno a
uno los asideros humanos, todos tienen etiqueta de resguardo, pero todos son
temporales, frágiles, fragmentados como el existir.
Insisto: nadie tiene respuestas, dicen que algunos las encontraron,
pero yo, lo dudo. Por eso, por todas esas razones, estoy enojado, aniquilado...
sábado, 14 de marzo de 2015
Contigo, sin ti
Contigo cruzaré la oscuridad sendero en flor
por ti pronunciaré
todo mi apego al sinrazón
podré cantar mi voz
gritar al mundo mi color
volar sobre tu amor
y estrellas dibujar
Contigo la ilusión
se posará en cada rincón
la noche velará todas mis voces al cantar
y brillaré por ti
y anunciaré mi credo al fin
resurgiré al hablar
poemas sin edad
Pero si tú no estas aquí
no hay senda en el andar
y la luna encontrará
que su reflejo no es verdad
y cielo y mar sólo serán espejos de cristal
y soledad de ti
y soledad por ti
y soledad en mí, sin más
Si tú te vas
si tú no estás aquí
me quedará
iluminar en gris
y sin color
no encontraré matiz
aurora y mar se quedarán en más allá…
Y cada estrella me verá
buscando velas
irrumpiendo en los poemas
en cada letra
gritarle a la esperanza
refugiarse en añoranzas
será mi estela
Si tú te vas de mí,
te buscaré en la noche, en cada flor y así
me buscaré a mi mismo,
porque me quedo en ti…
Me quedo en cada amanecer
de madrugada
cada luna contemplada
y en la mirada que te busca enamorada
de reencuentro ilusionada, risa anhelada
Si tú te vas de mí …
yo no me voy de ti.
(c) José Tapia
sábado, 7 de marzo de 2015
No más heridas
Ésta será mi última voz
no más destellos de color
y el cielo azul absorberá, cada cantar
lo fragmentará
cada nota sobre el mar se lloverá
enmudeciéndome
No más azules por sentir
no más estrellas por vivir
la vida permanecerá, intacta, sí
pero al final
las orillas de este mar se estrecharán
disminuyéndome
Y mi recuerdo entiérralo
no habrá memoria de ésta voz
no más heridas
ni tampoco maravillas que entender
se dormirán también
y el firmamento
con telón dará el inicio de este ser
que se murió de ayer
La analogía se perderá
remo tras remo romperá
y el río implacable vencerá, con realidad
el devenir, en sus ecos la leyenda contará
que sucumbió el cantar
Y a toda luz renunciaré
de lluvia y sombra vestiré
mis sentimientos
deshilados en desiertos dejaré
desvaneciéndose
no habrá versiones
de la luna que re-inventen mi soñar
me dormiré sin mí, me dormiré...
(c) José Tapia
domingo, 1 de marzo de 2015
Entre tu recuerdo y yo
Se sintió entonces devastado, sin ella, sin él en muchos sentidos. Ella había sido todo, había sido alma y esencia, color y gracia, paraje y destino. Con ella había construido caminos, difíciles, abruptos, pero caminos siempre. Nunca supo expresarlo, nunca supo quizás entenderlo, pero ella se convirtió para él en sentimiento único, en trazo inevitable, en guía que controla y define, siempre.
Se dio a ella en muchos sentidos, en
aspectos varios, en circunstancias abundantes; creció junto con ella, fue junto
con ella, inventó lenguajes, formas estéticas, colores plenos, rasgos
individuales, tonos y bases únicas. El matiz siempre fue parte de ellos, nunca
el tono absoluto, siempre en variaciones, jugaban entre sí y construían gamas,
visos de tonos que sólo corresponden a dos, que sólo dos entienden, que solo
dos aprenden al ser creación de sólo dos.
Sus miradas eran sólo de ellos, no había ojo
ni oído ajeno que pudiera descifrar mensajes, que entendiera letras y discursos
que se dicen con sólo mirar, con sólo existir en el otro. Así, surgieron
melodías, frases eternas, códigos sólo de dos, un existir para dos.
La circunstancia genética de ella o los
malos hábitos de salud, o una mezcla de emociones mal manejadas, por ambos, o
el errar médico, quién lo sabe, provocaron el deterioro de ella, minaron su
salud y con ello extinguieron para él alientos, figuras que antes eran deleite
se convirtieron en escaso vivir.
Durante meses él se dedico a vivir, a
acostumbrarse a este andar sin ella; el trabajo, la familia llenaron ciertos
huecos, pero los vacíos esenciales permanecieron allí, acechantes a surgir en
cuanto la debilidad se manifestara. Aparecieron entonces, obsesiones antiguas
cobraron vida, sin sentidos añejos se convirtieron en protagonistas de vida.
Ayudas externas y especializadas hicieron lo suyo, atendieron llamados y
lograron disminuir impactos; lo que antes se manifestaba en angustia extrema
ahora sólo permanecía allí, delineado en su mente, en su alma, pero sin
manifestaciones excesivas. Comenzó a vivir entonces en el límite, sabiendo
controlar excesos pero sin saber apagar pensamientos.
Surgieron también otras voces, voces apenas
propias pero voces. Voces que daban esperanza, que delineaban parajes, que,
quizás, soportaban existencia. Pero su voz interna sabía que aunque era válido
aferrarse a las mismas, no había en las mismas elementos de apego, no había en
ellas ni los componentes ni los valores que él precisaba. Eran refugio único
sin embargo y así, continuó ligado a ellas, con ataduras muy tenues, apenas
visibles, pero sostenedoras de sentido.
Se debatió entonces entre su esencia y la búsqueda
externa, entre lo que realmente le daba coherencia humana y las manifestaciones
en las que nunca supo aparecer, en las que el sutil saber de existir le
permitían estar, pero no permanecer. Eran ésas, reuniones con afecto, sí, con
una cordialidad que él reconocía, pero sin los vuelos, sin los sueños que él,
sólo él y ella, sabían emprender, al menos para si mismos.
Esa búsqueda lo llevó a manifestaciones externas
diversas: personas con las que tejió cierto grado de afinidad, familiares con
identificación cercana, cursos, clases de lenguas, reuniones, e incluso
películas y lecturas que nunca fueron las suyas. En todo ello buscaba
aberturas, promesas de vida calma, de soledad acompañada, de, quizás, sonrisas
compartidas. Había distracciones entonces, atisbos de sociedad que lo
procuraban y que él procuraba. Pero, la esencia permanecía sin salir, sin
emerger hacia otro porque el único otro en el que encontraba cabida, ella, no
estaba más.
Al no cristalizar búsquedas, la tristeza, la
soledad, la angustia y la depresión fueron apareciendo en ciclos; ires y
venires alternados que él combatía con estoicismo, con un espíritu que, más que
forjado, proviene de esencias humanas, de códigos genéticos que la
supervivencia siembra en cada uno... Resistió entonces, embate tras embate,
soledad tras soledad, pérdida tras pérdida. Resistió y buscó y rebuscó y en
cada atisbo emergía en él la certeza, el sentimiento de no encontrar pares,
empates.
Pasaron así días, meses enteros en los que se
procuraba a sí mismo, se buscaba en ella en persecución frustrada por
definición. Pero, en ese transcurrir se dieron atisbos, brotes de sabiduría que
su mente fue registrando de a poco, en dosis pequeñas pero que finalmente
probaron efectividad. Había, hasta entonces, buscado fuera lo que sólo en él y
ella existían; no tenía sentido escudriñar afuera lo que se tiene dentro; la
exploración externa no podía brindar recompensas si lo buscado está en otros
ámbitos, en rincones íntimos y propios. No había forma entonces de que lo ajeno
se transformara en esencia propia.
Algo comenzó a transformarse en él, todavía no
calmo pero sí esperanzado ante el asombro de descubrir algo verdadero dentro,
puso en marcha fuerzas y recursos todos. Estaba decidido, resolvería en un día
lo que había tardado meses en comprender. Dejaría, aunque sin aislamientos, de hurgar en otro y se
sumergiría en sí mismo, pero sería una introversión diferente a las previas;
hasta ahora sus soledades las había vivido sólo en tristeza, en desesperanza,
pero ahora, sería una introversión rica, pródiga en descubrimientos y,
finalmente, en serenidad.
Decidió tomar entonces un rumbo que, aunque
ahora era estrategia obvia, había permanecido alejado de su mente, de sus
pesquisas: decidió buscarse y buscarla dentro de sí mismo. Consciente de
riquezas internas puso en marcha su propio tratamiento. Se ensimismó durante
dos días, dos días en los que apenas escuchó otras voces, circunstanciales
todas, necesarias sólo en el acontecer cotidiano. Se refugió en casa y estuvo
consigo mismo en esencia alegre, en esa esencia donde ella y él lo eran todo,
en esos sitios que ellos visitaban y en los que no importaban profundidades,
sólo existires juntos, sólo sonrisas. Miro su fotografía, la fotografía ésa, y
otras, en donde la había visto tantas
veces, sumido en tristeza; la miró entonces pero esta vez observó más que ojos
y rostro y labios, esta vez logró entrar dentro de esa esencia, traspasó
miradas y se refugió en
habitaciones incorpóreas. Miró
sus rostro fijamente hasta que sus ojos perdieron foco, hasta que la visión se
desdibujó, cerró entonces los ojos pero continuó mirándola, continuó percibiendo
la esencia de ella, toda en él, toda con él. Sintió nuevamente el intercambio
sublime que los había caracterizado en sus momentos mejores, detectó nuevamente
esas eternidades hechas de instantes y tuvo certeza entonces de que, de ahora
en adelante, con sólo pensarla, con sólo cerrar los ojos y evocarla tendría
esos vuelos para sí, esos andares para siempre, volvería a sonreír
despreocupado, echaría mano de vida y coleccionaría nuevos instantes a partir
de la vivencia evocada de instantes pasados.
Se sintió pleno nuevamente y por primera vez desde
que ella cayera enferma. Ella que ahora era sólo esencia alegre y profunda,
ella que ahora podía estar con él siempre, ella a la que podía sentir cuanto
quisiera; sin importar dónde estuviera o en qué actividad estuviera envuelto,
bastaría con cerrar brevemente los ojos y allí, aparecería ella, eterna,
siempre.
Podía vivir ahora tranquilo lo que le esperara por
vivir, nunca más solo, nunca más ausente o triste; lleno sí, pleno también, de
ella, de los dos, de lo que siempre forjaron, de lo que siempre sintieron, de
lo que entretejieron juntos y permanece inmanente a ambos, a los dos, a ellos
dos, siempre. No más preocupaciones, culpas o añoranzas, no podría ahora añorar
lo que ya tenía, lo que le pertenecía para siempre, eso que nada ni nadie puede
arrebatar porque es luz eterna, llama vida y perenne, fuego que prende y
alimenta.
“Uno en dos”, siempre lo decía, lo había repetido
intensamente sin comprenderlo en realidad, pero ahora la verdad se hacía
presente, eran uno en dos y en uno a la vez, el uno en la otra y en espejo,
mezclándose, confundiéndose; una esencia única que no se separa más, que fluye
junta porque una es, porque ente único es. Ahora, él era ella y ella en él;
finalmente lo tenía todo...
lunes, 16 de febrero de 2015
Secuencia, fin
Una niña, una bebé, es mi responsabilidad, no es mía pero está conmigo; ¿Quién es, cómo llega, por qué? No importa, está ahí, algo tiene, no cabe duda, algo muy triste; pero está ahí, cuídala, tiene sed ...
Toma, sí, toma, apenas este gotero, apenas esta dosis, apenas esta mirada; olvidas alimento, ¡sal!, pero ..., ¡sal!
Trabajo, responsabilidades, no más, no puedo, esto, ellos, ellas, no puedo, más , ¡sigue!, más y más, no puedo; ¡sigue!...
Refugio, es cálido aquí, sonrisas, bienestar de tonos, de genes, de miradas, de tiempo forjado, de lágrimas, refugio, sí; no quiero acordarme, mejor aquí, siempre aquí, no quiero, no quiero ... ¡contesta!, no quiero, ¡contesta!
Despiadado, fulminante, vaya diseño: murió, ¿¡Qué!?, murió; ¿Por qué? Olvidé, era obvio, esencial, sustento, básico, pero olvidé, olvidé y murió.
Tono fraterno: no, era destino, había algo muy triste, recuerda, no cabía duda; pero no, ¿por qué olvidé?, no, no cabe duda, no cupo duda, ahora olvida, no, tormento del otro lado, ¿ahora te callas? ráfaga devastadora y despertar... asombro
fin
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